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Los campamentos de vacaciones de verano: una escuela de vida

Cuando salgo de campamento de vacaciones de verano durante unos días a la playa o a la montaña, siempre siento una emoción muy particular. Este tiempo de vacaciones es un verdadero regalo para nuestras comunidades de Fe y Luz, pero es aún más: es una Escuela de Vida.

En el campo, vivimos durante algunos días en un ambiente familiar, donde se encuentran niños, jóvenes, adultos, incluso abuelos. Aprendemos a escucharnos, a trabajar en equipo, a perdonar. Aprendemos a reconocer nuestros propios límites y descubrimos hasta qué punto necesitamos a Dios y a los demás. Aprendemos a apreciar los pequeños detalles (¡hay tantos!), a vivir la alegría, el buen humor…


Un día fuimos a la playa, cantamos, acompañados por guitarras, bailamos y disfrutamos del sol. Cuando volvimos a casa, las madres nos dijeron: “¿Porqué no hemos hecho este tipo de cosas cuando éramos jóvenes? Nos perdimos tantas cosas...”. Pero nunca es demasiado tarde.


En el campamento, la creatividad y la imaginación abundan: nos convertimos en piratas, en marineros, en caballeros de la Edad Media, en farfadetes, en griegos o en romanos, en indios o en cantantes de rock … cruzamos los mares, luchamos contra dragones, ogros y monstruos, descubrimos tesoros, salimos a la conquista de civilizaciones perdidas…

Pero lo esencial no está aquí: en el campo, aprendemos a encontrar a Dios en cada persona y en cada cosa, en una sonrisa, una canción, una oración, aún en los conflictos y las dificultades, que siempre son ocasiones dadas para crecer y profundizar. La Eucaristía nos confirma cómo la Comunidad se construye en Jesús y por Jesús. Descubrimos sobre todo el valor único de cada persona, que podemos ser felices con ¡tan pocas cosas y tan poca comodidad!
Juntos, hacemos posible lo que para una sola persona es imposible.
¿Por qué el campamento no dura para siempre?


Raúl Izquierdo García
Coordinador nacional
de Fe y Luz en España









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