¿Quién somos?
Nuestra misión
Orden del día
internacional
Actualidades



Carné de ruta 08-09



Año Paulino



Carta de Jean Vanier



Fiesta del Pentecostes



Pascua 2008



Película sobre Jean Vanier



¡Páginas web en español!



Fiesta de la Luz 2008



Nuevo año 2008



Sin titulo (18-25 janvier 2008)



Sin titulo (Vous voulez nous aider ?)



Sin titulo (Un blog sur le continent Afrique et Océan Indien)



Sin titulo (L'album de famille)



Sin titulo (Faire un don sécurisé en ligne)



Sin titulo (Recevoir l’Eucharistie)



Sin titulo (2 février, fête de la Lumière)



Sin titulo (35 ans d'histoire racontée par Marie-Hélène Mathieu)



Pequeña história de Fé y Luz ilustrada



Sin titulo (Archives année 2007)



Sin titulo (Année 2006)



Archivos año 2005



Año 2004



Año 2003



Año 2001



Año 2002
Publicaciones
Testimonios
¿Nos puede
ayudar?
Socios
Vínculos
Contacta con
nosotros
Red interna
Plan del lugar



Acogida | La persona | La familia | Los amigos | Plano | Búsqueda | Contacto
- Actualidades - Año 2004
-
Français | English | Español | para imprimir
Lurdes: 14 de agosto 2004

14 de agosto 2004: Peregrinación de Juan Pablo II en Lourdes, meditación de los Misterios de Luz por Jean Vanier


Introducción del Santo Padre


Amadísimos hermanos y hermanas:

Al arrodillarme aquí, en la gruta de Massabielle, siento con emoción que he llegado a la meta de mi peregrinación. Esta gruta, donde se apareció la Virgen María, que es el corazón de Lourdes, me hace pensar en la cueva del monte Horeb, donde Elías se encontró con el Señor, que le habló en el "susurro de una brisa suave" (1 R 19, 12).

Aquí la Virgen invitó a Bernardita a rezar el rosario, desgranando ella misma las cuentas. Así, esta gruta se ha convertido en la cátedra de una sorprendente escuela de oración, en la que María enseña a todos a contemplar con ardiente amor el rostro de Cristo.

Por eso, Lourdes es el lugar donde oran de rodillas los creyentes de Francia y de muchas otras naciones de Europa y del mundo entero.

Esta tarde, también nosotros, peregrinos en Lourdes, queremos recorrer de nuevo, orando juntamente con la Virgen, los "misterios" en los que Jesús se manifiesta "como luz del mundo". Recordemos su promesa: "El que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida" (Jn 8, 12).

Queremos aprender de la humilde esclava del Señor la disponibilidad dócil a la escucha y el esfuerzo generoso por acoger en nuestra vida la enseñanza de Cristo.

En particular, meditando a la participación de la Madre del Señor en la misión redentora de su Hijo, os invito a orar por las vocaciones al sacerdocio y a la virginidad por el reino de Dios, a fin de que los que han sido llamados respondan con disponibilidad y perseverancia.

Contemplando a la santísima Virgen María, digamos con Bernardita: "Mi buena Madre, ten misericordia de mí; me entrego totalmente a ti, para que me des a tu Hijo querido, al que quiero amar con todo mi corazón. Mi buena Madre, dame un corazón que arda completamente por Jesús"».



Meditaciones de Jean Vanier

Primer Misterio : El Bautismo de Jesús

Tu, Jesús, eres tan suave, tan humilde, tan vulnerable. Te pones delante de Juan tu primo y le pides que te bautize, el bautismo de la purificación. Una paloma desciende hacia ti, es el Espíritu Santo que vive en ti y una voz se oye: "Eres mi hijo bienamado, en ti puse todo mi amor”. Jesús había dicho a Nicodemo que para entrar en el reino de Díos, hay que nacer de arriba, hay que nacer del agua y del Espíritu. Por el bautismo, somos hijos de Díos y podemos decir a Díos: ¡"Abba, papá!".
Pedimos a Maria la Inmaculada de hacer que cada uno de nosotros podamos vivir totalmente este misterio de ser hijos de Díos que dicen a Díos: “Papa».


Segundo misterio: La boda en Cana

Jesús, tras haber escogido a cinco nuevos discipulos, les conduces a una boda, la boda de Cana. Y allí, a la petición discreta de Marie, conmovida por la humillación de los pobres, Jesús hace un gran milagro: convierte aproximadamente setecientos litros de agua en un vino maravilloso. Jesús les lleva y nos lleva para revelarnos que estamos hechos para la Boda. Estamos hechos para descubrir que lo más profundo de nosotros es de amar y de ser amados. Pero para que podamos vivir esta boda, esta alianza con Díos y con Jesús, necesitamos que el agua de nuestra humanidad este convertida en el amor divino, en el vino del amor.
María, tu, estas tan cerca de Jesús, pidele por nuestro mundo herido, muestra a Jesús cuanto carecemos de vino divino. María, confiamos en ti.


Tercer misterio: El anuncio del Reino

Jesús, has venido al mundo para darnos un nuevo orden, para que no haya mas el desorden del deseo de poder. Has venido para anunciar una Buena Nueva a los pobres, la libertad a los cautivos, a los oprimidos, la vista a los ciegos, para que veamos claro. Has anunciado una nueva visión, una carta: “Felices, bienaventurados, benditos sean los pobres en espíritu porque el Reino de Díos es suyo”. Y San Pablo dice que en el cuerpo que es la iglesia, las partes mas débiles, las partes menos presentables son necesarias a la Iglesia y tienen que ser honradas.
María, Madre de los pobres, amiga de los pobres, mujer de compasión, ayuda a cada uno de nosotros a acoger nuestra pobreza para que podamos crecer en este amor verdadero. Y ayudanos a acoger al pobre, honrar el pobre y meter en el corazón de nuestro mundo la presencia de Jesús.
Te damos gracias, Jesús, por nuestro santo Padre quien, en su pobreza física, revela la gloría de Díos, quien, en su pobreza, revela la potencia del amor de Jesús.
Te damos gracias, Jesús, por nuestro Santo Padre, en el corazón de la Iglesia.


Cuarto misterio: La Transfiguración del Señor

Jesús, has subido a la montaña con tres de tus apostoles: Pedro, Juan y Santiago que serán los primeros sacerdotes bien-amados de la nueva ley. Has sido tranfigurado y han visto tu gloría. Tu vestido se ha vuelto brillante como el sol.
Jesús, prometes a cada uno de nosotros esta gloría de verte en tu gloría. En tu oración en el Evangelio de Juan, rezas: “Padre, los que me has dado, me gustaria que donde estoy, esten conmigo para que puedan contemplar la gloría que me has dado antes de la fundación del mundo”
Jesús, queremos preparar nuestros corazones para que te podamos ver en la gloría de tu cuerpo transfigurado, ver a María en su cuerpo resucitado en la gloría y creer que cada uno de nosotros en su momento, viviremos esta gloría.
Y pedimos a María en el misterio de su Asompción que prepare nuestros corazones para que podamos contemplar la gloría de Jesús dada por el Padre.


Quinto misterio: La institución de la Eucarístia

Jesús, la noche antes de tu muerte, nos das tu cuerpo y tu sangre para ser presencia real en nuestro mundo: el fruto de tu pasión. Vienes para darnos la comunión, la amistad. “El que come mi cuerpo y bebe mi sangre, dice Jesús, vive en yo y yo en él”. Quieres que cada uno de nosotros nos convirtamos en un amigo, tu amigo, tu amigo bien amado. Y si nos llamas a convertirnos en tu amigo, tu amigo bien amado, Jesús, es que quieres que nos comportemos como tu te has comportado, que vivíamos como tu has vivido. Y nos has enseñado, para estar en comunión, a lavarnos los pies. Nos pides que nos lavemos los pies los unos a los otros, que estemos al servicio los unos de los otros, que estemos al servicio de los más pequeños y de los más pobres.
María, Madre de compasión, madre de Jesús, tu que has recibido el cuerpo de Jesús en tu propio cuerpo, te pedimos que abras nuestros corazones para que podamos recibir a Jesús y convertirnos realmente en sus amigos bien amados.



Oración del Santo Padre para concluir el rosario

¡Díos te salve, María, mujer pobre y humilde bendecida por el Altísimo! Virgen de la esperanza, profecía de los tiempos nuevos, nos asociamos a tu cántico de alabanza para celebrar las misericordias del Señor, para anunciar la venida del Reino y la liberación total del hombre.

¡Díos te salve, María, humilde esclava del Señor, gloriosa Madre de Cristo! Virgen fiel, morada santa del Verbo, enséñanos a perseverar en la escucha de la Palabra, y a ser dóciles a la voz del Espíritu, atentos a sus sugerencias en la intimidad de nuestra conciencia y a sus manifestaciones en los acontecimientos de la historia.

¡Díos te salve, María, mujer de dolor, Madre de los vivientes! Virgen esposa al pie de la cruz, nueva Eva, sé nuestra guía por las sendas del mundo; enséñanos a vivir y a difundir el amor de Cristo; enséñanos a estar contigo al pie de las innumerables cruces en las que tu Hijo se encuentra aún crucificado.

¡Díos te salve, María, mujer de fe, la primera de los discípulos! Virgen, Madre de la Iglesia, ayúdanos a dar siempre razón de nuestra esperanza, confiando en la bondad del hombre y en el amor del Padre. Enseñanos a construir el mundo desde dentro: en la profundidad del silencio y de la oración, en la alegría del amor fraterno, en la fecundidad insustituible de la cruz.

Santa María, Madre de los creyentes, Nuestra Señora de Lourdes, ruega por nosotros.
Amén








Identifíquese