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Acogida | La persona | La familia | Los amigos | Plano | Búsqueda | Contacto Français | English | Español | para imprimirFebrero 2010 Extracto del Carné de Ruta "Con Moisés,un pueblo en marcha" El tema del mes para alimentar el encuentro de nuestra comunidad: "Dios sella una alianza con su pueblo" Los hijos de Israel prosiguen su marcha y penetran en el desierto del Sinaí. Instalan sus tiendas frente a la montaña de Dios conocida, según algunas tradiciones, como Monte Horeb, la montaña en la que Dios se había revelado a Moisés. Allí es donde Dios va a manifestarse ahora a todo el pueblo, y será un encuentro decisivo. Dios llama a Moisés desde lo alto de la montaña porque quiere entrar en alianza con su pueblo.En la antigüedad los reyes establecían a veces entre sí tratados de alianza, en los que se prometían no iniciar hostilidades y, al mismo tiempo, ayudarse en caso de ataque. También existen alianzas entre personas, con finalidades comerciales o para la explotación de tierras, que tienen un valor jurídico. Otro tipo de alianzas humanas van más lejos e implican un verdadero compromiso de vida, como en el caso del matrimonio, ese vínculo único entre un hombre y una mujer. A menudo, la conclusión de dichos contratos iba acompañada de gestos simbólicos, como el intercambio de regalos, la erección de una estela o la celebración de un banquete. En el Sinaí es eso lo que ocurre, pero allí hay algo nuevo en la historia de la humanidad: es Dios quien, por amor, quiere establecer una alianza con los hombres. En tiempos lejanos Dios ya había concluido una alianza con Noé. Era una alianza de paz con toda la humanidad, e incluso con todos los seres vivos, puesto que se extendía a ganados, aves y animales salvajes: “Aunque las malas intenciones ocupen el corazón del hombre, prometía Dios, ya no habrá más diluvios” (Gn 9,8-15) Sin embargo la maldad no desapareció de la tierra. Entonces Dios hizo alianza con un solo hombre, Abraham, para que su bendición alcanzara a todos los hombres (Gn 12,3; 15,18). En el Sinaí tenemos la prolongación de esta promesa. Por mediación de Moisés, Dios propone ahora su alianza a todo el pueblo: “Si oís mi voz y guardáis mi alianza, seréis mi pueblo elegido. Sí, el mundo entero me pertenece, pero vosotros seréis un pueblo elegido para servirme” (Ex 19,5-6). ¿Por qué obra así Dios? Él mismo se presenta: “Yo soy el Señor, tu Dios. Yo soy quien te saqué de la casa de esclavitud” (Ex 20,2). El que quiere entrar en alianza con los hombres no es un dios de las fuerzas naturales que no se preocupa de lo que afecta a los seres humanos. Es un Dios libre, a quien no se puede manipular para ponerlo a su servicio, pero es también un Dios que quiere la libertad para sus hijos, un Dios que une su propio destino al de su pueblo. Con la salida de Egipto los hijos de Israel vieron lo que el Señor había hecho por ellos. Ahora reconocen que Dios quiere su bien y están dispuestos a observar las leyes inscritas en el libro de la Alianza. Para sellar dicha Alianza se ofrece un sacrificio de terneras. “Un día, piensa Moisés, comprenderán que el Señor prefiere el amor a los sacrificios y que la justicia es más importante que la inmolaciónde animales”. Luego, con un gesto propio de la consagración, rocía el altar y al pueblo de Dios con un poco de sangre, una vez que se hubieron comprometido a poner en práctica las Palabras de la Alianza. Un banquete de comunión viene a sellar este acuerdo entre Dios y su pueblo. Aarón, sus hijos y setenta Ancianos comen en presencia de Dios y podrán dar testimonio del acontecimiento: Dios ha concluido una alianza con su pueblo. Esta alianza llegará a su plenitud con Jesús. Durante la última cena que tomó con sus discípulos con ocasión de la Pascua, Jesús declaró: “Esto es mi sangre, la sangre de la alianza, derramada por todos los hombres” (Mt 26,28; Mc 14,24). En cada celebración eucarística oímos estas palabras de Jesús que nos recuerdan la antigua alianza del Sinaí. Ya en su tiempo, el profeta Jeremías había hablado de una nueva alianza que tendría lugar al final de los tiempos. Para los cristianos, esta “nueva alianza” se realiza en la persona de Jesús (Lc 22,20 y 1 Cor 11,25). Con la venida de Cristo al mundo, la alianza de amor entre Dios y el pueblo de Israel se extiende en adelante a todas las naciones. Todos los hombres están invitados a entrar en esta nueva Alianza. Padre Guy Vanhoomissen, sj Illustraciones: Hermano Réginald Picke, Comunidad San Juan |
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